Timmy, la ballena jorobada de 12,35 metros y aproximadamente 12 toneladas, ha sido trasladada en una gabarra hacia el mar del Norte, marcando un nuevo capítulo en su complicado rescate tras haber estado varada durante un mes en la costa alemana del Báltico. Esta operación, financiada por los empresarios Walter Gunz y Karin Walter-Mommert, se inició con ayuda de especialistas y el remolcador Robin Hood, aunque ahora es la embarcación Fortuna B la encargada de gestionar el remolque a baja velocidad. La travesía está diseñada para garantizar el bienestar del cetáceo en su camino a aguas abiertas.

Sin embargo, la mediática operación ha suscitado controversia. Expertos señalan que en la mayoría de los casos, tales rescates, como el de Timmy, solo prolongan el sufrimiento de los animales. La presidenta de la Sociedad Española de Cetáceos, Carolina Fernández, advierte que es probable que Timmy muera, incluso después de haber pasado por un costoso sistema de rescate. Esta situación genera un debate sobre la validez de intervenir en estos casos, sugiriendo que los esfuerzos deberían centrarse en mitigar las causas que contribuyen a la muerte de cetáceos en lugar de intentar salvar a un único individuo.

El ministro de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Antepomerania, Till Backhaus, ha expresado su esperanza en el éxito de la operación a pesar de las críticas. Los expertos, como Ricardo Sagarminaga, enfatizan que es más sensato no interferir y dejar que la naturaleza siga su curso. Para los científicos que trabajan en la conservación de cetáceos, el focalizar recursos en un solo ejemplar como Timmy carece de sentido frente a la crisis mayor que afecta a muchas generaciones de cetáceos debido a prácticas pesqueras perjudiciales y otros factores humamos.