La reciente protesta submarina de Greenpeace ha marcado un hito al alcanzarse una profundidad de 2.315 metros en el océano Ártico, donde se desplegó una pancarta en defensa de los océanos. Esta acción se realizó durante una expedición científica internacional que busca alertar sobre los daños irreversibles que podría provocar la minería submarina en ecosistemas frágiles como el del Castillo de Loki, un campo hidrotermal crucial para entender la biodiversidad planetaria.
Científicos han advertido que el avance de la minería en zonas hasta ahora inaccesibles debido al deshielo podría destruir hábitats únicos antes de haber sido explorados. La organización ecologista reclama a los gobiernos que implementen una moratoria global sobre estas actividades y aboga por la creación de santuarios marinos para proteger áreas sensibles frente a la explotación industrial. A través de esta movilización, Greenpeace busca impulsar la ratificación del Tratado Global de los Océanos, que tiene como objetivo resguardar al menos el 30 % de los océanos del planeta para el año 2030.