La reciente protesta submarina de Greenpeace ha marcado un hito al alcanzar una profundidad de 2.315 metros en el océano Ártico, donde se desplegó una pancarta en defensa de los océanos. Esta acción se realizó durante una expedición científica internacional que busca alertar sobre los daños irreversibles que podría provocar la minería submarina en ecosistemas frágiles como el del Castillo de Loki, un campo hidrotermal crucial para entender la biodiversidad planetaria.
Científicos han advertido que el avance de la minería en zonas hasta ahora inaccesibles debido al deshielo podría destruir hábitats únicos antes de haber sido explorados. En este contexto, Greenpeace hace un llamado a los gobiernos para que implementen una moratoria global sobre estas actividades y aboga por la creación de santuarios marinos que protejan áreas sensibles frente a la explotación industrial. La organización busca también impulsar la ratificación del Tratado Global de los Océanos, cuyo objetivo es resguardar al menos el 30% de los océanos del planeta para el año 2030.
En el marco de su campaña, Greenpeace está utilizando su rompehielos, el 'Arctic Sunrise', que se encuentra actualmente en el mar del Norte, para generar conciencia sobre la necesidad de una transición hacia energías renovables en medio de la crisis mundial de suministro. La organización destaca que el despliegue global de energías renovables ha superado las expectativas en la última década, lo que resalta la importancia de enfatizar estas alternativas frente a las prácticas destructivas como la minería submarina.