Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Verano de 2028 en Los Ángeles se preparan para recibir a unos 15 millones de aficionados, lo que generará grandes cantidades de residuos. A pesar de los compromisos de sostenibilidad del comité organizador LA28, la presión por encontrar patrocinadores prioritarios ha relegado el enfoque ecológico a un segundo plano. Esto ocurre en un contexto donde la región sufre severamente las consecuencias del cambio climático, como el aumento de temperaturas y los devastadores incendios forestales.

Las grandes corporaciones, reacias a patrocinar iniciativas ecológicas al sentirse presionadas por el gobierno federal de Trump, están influyendo en cómo se abordará la sostenibilidad durante los Juegos. Aunque se ha planeado una flota de autobuses eléctricos, la falta de incentivos federales y el coste de estas unidades dificultan su implementación. Los preparativos para la gestión de residuos también carecen de respuestas concretas, lo que genera incertidumbre sobre cómo se manejará la producción masiva de desechos durante el evento.

El enfoque actual de LA28 sugiere que, a pesar de que la sostenibilidad se menciona en la agenda, aún no se han tomado decisiones estratégicas para convertirla en una prioridad. Esto plantea serios desafíos para lograr un legado sostenible en la ciudad tras la celebración de los Juegos Olímpicos.