Las serpientes, a menudo malinterpretadas, tienen un papel fundamental en los ecosistemas donde habitan. Se encargan de controlar las poblaciones de roedores, como ratones y ratas, que, si no son reguladas, pueden causar daños en cultivos y transmitir enfermedades a los humanos. Además, son parte integral de la cadena alimentaria, tanto como depredadores como presas, lo que contribuye a mantener la biodiversidad y la estabilidad de su entorno.

Sin embargo, la supervivencia de varias especies de serpientes en España está amenazada por la destrucción de hábitats, el cambio climático y prejuicios culturales que las asocian con el peligro. Actualmente, dos especies de serpientes en España, la víbora hocicuda y la víbora áspid, están catalogadas como vulnerables. Para combatir estos retos, es esencial aumentar la conciencia sobre su importancia ecológica y la necesidad de su preservación, ya que la pérdida de serpientes podría llevar a una desestabilización de los ecosistemas, afectando tanto a otros seres vivos como a la agricultura y, en último término, la salud humana.