En febrero de 2026, se reanudó la caza de una ballena jorobada juvenil enredada en un cabo cerca de Wilsons Promontory, en Victoria, Australia. Este mamífero marino, cuyo avistamiento fue reportado por un guía turístico, fue encontrado mostrando un estado alarmante marcado por heridas visibles y evidente delgadez, lo que complicaba su capacidad de migración hacia aguas más cálidas para la cría. Los expertos creen que la cría pudo haberse separado de su madre durante la migración, lo que podría explicar su aparición fuera de temporada y en tales condiciones.
Los equipos de rescate advierten que cualquier intervención debe ser realizada exclusivamente por personal capacitado, ya que intentos de rescate no autorizados pueden ser peligrosos para ambos, los animales y los rescatistas. En caso de avistamiento, es vital informar a la línea de emergencia para mamíferos marinos y mantener una distancia segura de, al menos, 300 metros. Este incidente resalta la creciente preocupación sobre cómo las actividades humanas, como la pesca y el tráfico marítimo, siguen amenazando la recuperación de las poblaciones de ballenas jorobadas, que ya se han visto afectadas por enredos y contaminación.
La situación también pone de relieve la importancia de acciones en tierra para proteger a estos majestuosos animales. Las autoridades australianas enfatizan que la reducción de residuos y la prevención de la contaminación plástica en el océano son gestos esenciales para salvaguardar el hábitat de las ballenas. Con el cambio climático y el aumento del tráfico marítimo, operar en las "autopistas" de migración de estos cetáceos se convierte en un desafío cada vez más complejo.