El reciente acuerdo temporal entre Estados Unidos e Irán ha permitido cierta reactivación del transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz, pero esta tregua tiene un costo oculto en la vida marina de la región. Este estrecho alberga una fauna diversa, incluyendo una de las poblaciones más amenazadas de ballenas jorobadas y alrededor de 7.000 dugongos, que sufren los efectos del ruido y la posible contaminación provocada por actividades humanas.

El ruido generado por los barcos y el uso de sonar interfieren en la comunicación y navegación de las ballenas, lo que puede llevar a una reducción de su alimentación y, en consecuencia, a un debilitamiento de la población. Además, el impacto de explosiones submarinas y otros ruidos puede dañar el sistema auditivo de estos mamíferos. Por otro lado, un eventual derrame de petróleo podría tener consecuencias devastadoras para las praderas marinas que sustentan la vida de los dugongos, al interferir con la fotosíntesis y degradar un ecosistema vital que también actúa como sumidero de carbono.

Las medidas para reducir el ruido submarino ya están siendo consideradas, y su implementación podría marcar la diferencia en la protección de estas especies marinas en un entorno tan crítico y limitado como es el Estrecho de Ormuz.