La reintroducción del lince boreal en Valonia, especialmente en la provincia de Lieja, se vislumbra como una posibilidad real. Según WWF Bélgica, la región podría alcanzar una población de 75 linces si se implementan medidas adecuadas para proteger y conectar sus hábitats. A diferencia del lobo, cuyas observaciones han sido más frecuentes, el lince ha sido detectado en contadas ocasiones, pero hay señales que indican su presencia continuada.
Para que el lince vuelva de manera efectiva, no solo hay que observarlo, sino garantizar la continuidad de sus hábitats, evitando la fragmentación causada por carreteras y urbanizaciones. El lince boreal representa un papel crucial en el ecosistema al controlar las poblaciones de herbívoros, lo que favorece la regeneración de la vegetación y el equilibrio en los bosques. Aunque existen preocupaciones sobre su coexistencia con humanos, expertos aseguran que el lince no representa peligro alguno para las personas.
La conversación sobre su reintroducción va más allá de la especie misma; plantea la cuestión de cuánto espacio se les está dejando a los grandes depredadores en Europa. Natagora ha programado una jornada informativa para el 30 de mayo de 2026, donde se discutirá la situación del lince y se buscará fomentar la aceptación social de su regreso.