La guerra en el estrecho de Ormuz está teniendo un impacto devastador en la población de ballenas jorobadas que habita en estas aguas, debido al ruido submarino y las explosiones. Estos cetáceos dependen completamente del sonido para comunicarse y orientarse, y la interferencia provocada por la actividad militar y el tráfico marítimo está comprometiendo su habilidad de navegación y su supervivencia. Además, el ruido continuo genera estrés, desorientación y dificulta la reproducción, amenazando seriamente la estabilidad del ecosistema marino.

Las ballenas del estrecho de Ormuz son especialmente vulnerables ya que no migran, lo cual las expone constantemente a estas perturbaciones. La interferencia acústica no solo ocasiona sordera en estos animales, sino que también se han registrado varamientos masivos relacionados con la desorientación provocada por el ruido. Si esta agresión acústica persiste, se podría enfrentar a la extinción a largo plazo, destacando la necesidad urgente de abordar el impacto de los conflictos armados en el medio ambiente marino y la biodiversidad global.