Los océanos, vitales para la biodiversidad y la economía azul, enfrentan grandes peligros en tiempos de guerra. A pesar de las cumbres internacionales que abogan por su protección, los conflictos bélicos priorizan la seguridad y la geopolítica, dejando de lado las consecuencias ambientales. Regiones como el estrecho de Ormuz y el mar Mediterráneo se han convertido en escenarios de confrontación, donde la escalada militar y las prácticas destructivas amenazan gravemente los ecosistemas marinos ya estresados por el cambio climático.
La militarización de estas áreas no solo pone en riesgo la navegación, sino que también puede resultar en derrames de petróleo y contaminación acústica, afectando a especies marinas. Además, la comunidad científica y los medios se enfrentan a desafíos para reportar adecuadamente sobre estos temas, ya que la narrativa prevalente tiende a centrarse en la geopolítica y los precios de energía. Este escenario pone de manifiesto la necesidad urgente de integrar la dimensión ambiental en las decisiones políticas y en la gestión de crisis, a fin de salvaguardar nuestros océanos frente a los horrores de la guerra.