Las presas en España, con una media de edad que supera los 55 años, se encuentran en un momento crítico debido al cambio climático. Diseñadas para un clima más predecible, ahora deben enfrentar lluvias torrenciales que superan los límites para los cuales fueron construidas. Se estima que la modernización de estas infraestructuras costaría alrededor de 4.644 millones de euros, y esto no incluye las presas de titularidad local o privada. El cambio climático está alterando los patrones hidrológicos, lo que resulta en embalses generalmente bajos, pero con episodios de lluvias intensas que representan riesgos significativos.
Un ejemplo reciente es la DANA de octubre de 2024 en Valencia, un evento extremo que resultó en 228 muertes. La presa de Forata, que se llenó de manera rápida, ilustra el impacto que pueden tener las infraestructuras en la gestión de agua en situaciones críticas. La gestión de estas presas se ve complicada por la necesidad de actualizar normas técnicas que ahora exigen considerar escenarios de lluvias extremas, mucho más allá de las previsiones anteriores.
Además, la colmatación por sedimentos está reduciendo la capacidad útil de los embalses, un problema que pasa inadvertido pero que pone en riesgo la seguridad. La falta de mantenimiento adecuado y la urgencia de establecer planes de inspección y emergencia son aspectos que deben ser prioritarios para garantizar la seguridad de estas infraestructuras.