En la actualidad, uno de cada cuatro anfibios en España se encuentra amenazado, un problema que los expertos catalogan como más grave que hace dos décadas. La combinación del cambio climático, enfermedades emergentes y la pérdida de hábitats acuáticos está acelerando el declive de estos vertebrados, que son esenciales para el equilibrio de los ecosistemas. La desaparición de charcas y humedales, provocada en gran parte por el urbanismo desmedido, ha aislado a las poblaciones, comprometiendo su supervivencia.
Entre los principales desafíos que enfrentan los anfibios se encuentran la pérdida de hábitats de reproducción y la propagación de enfermedades como los ranavirus y los hongos quitridios. Estas amenazas resultan en altas tasas de mortalidad, afectando a comunidades enteras en poco tiempo. A nivel global, más del 40% de las especies de anfibios están en riesgo de extinción, lo que resalta la gravedad de la situación en España, donde 36 especies están presentes y al menos 9 son consideradas vulnerables o en peligro crítico.
El cambio climático también afecta gravemente a estos animales, al alterar los ciclos reproductivos y reducir la disponibilidad de agua en sus hábitats. Esto es especialmente crítico en regiones como el sureste peninsular, donde la escasez hídrica es más notable. Casos como el del tritón del Montseny evidencian el riesgo extremo que afrontan especies con distribuciones limitadas, haciendo que su conservación sea urgente para garantizar la estabilidad de los ecosistemas.