El año 2025 fue testigo de un aumento drástico en el número de días con temperaturas extremas en España, alcanzando 50 días con registros superiores a 32°C en varias regiones del sur y este del país. Este fenómeno no fue aislado, ya que aproximadamente el 95% de Europa sufrió condiciones climáticas análogas, incluyendo temperaturas medias que superaron los 45°C. Los análisis del Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial revelan la gravedad del impacto climático, que incluyó noches tropicales y un severo estrés térmico en la población.
Los incendios forestales alcanzaron niveles sin precedentes, consumiendo cerca de 393,079 hectáreas, lo que representa el 38% de la superficie total afectada en la Unión Europea. El incendio en Zamora se registró como el más devastador de la historia de España, quemando más de 40,000 hectáreas, junto con otros siniestros en Valdeorras y el Bierzo. Este incremento en los incendios está directamente relacionado con la sequía y las altas temperaturas, resultando en emisiones récord de CO2 y un impacto significativo en la biodiversidad del Mediterráneo, especialmente en áreas como la Posidonia oceanica. A pesar de la magnitud de los daños, solo se contabilizaron 86 condenas por incendios forestales, lo que generó frustración entre la ciudadanía, que demanda más acción en la justicia ambiental.
En respuesta a estos desafíos, las autoridades han impulsado el Pacto de Emergencia Climática, buscando reforzar las medidas de prevención y mitigación ante un futuro incierto. Además, un informe reciente destaca que entre 2015 y 2025, la superficie forestal mundial se redujo en más de 41 millones de hectáreas, evidenciando un aumento en la tasa de pérdida en comparación con períodos anteriores, lo que amenaza aún más la biodiversidad global.
La agricultura sigue siendo una de las principales causas de esta degradación forestal, y es esencial implementar acciones para detener la deforestación y garantizar una mejor gestión de los recursos forestales.