Un reciente informe internacional ha señalado que un préstamo de 1.250 millones de dólares otorgado a Ternium, etiquetado como sostenible, podría incrementar la contaminación en México. Este crédito, respaldado por importantes bancos internacionales, financiará una nueva planta siderúrgica en el norte del país, que se espera opere hasta el año 2076, a pesar de que su funcionamiento estará basado en gas fósil, afectando la calidad del aire en una región ya crítica.

Expertos destacan que la instalación planea utilizar combustibles fósiles durante al menos medio siglo, ignorando los compromisos globales de descarbonización. Esto conlleva a la liberación continua de metano, un gas con un efecto de calentamiento global significativamente mayor que el CO2. Las ONG han expresado su preocupación, argumentando que este tipo de financiaciones refuerzan una dependencia perjudicial de los combustibles fósiles y socavan los objetivos de sostenibilidad en el sector industrial.

Además, la situación se complica con el historial contaminante de Ternium, que ya es responsable de altas emisiones de metales tóxicos. Organizaciones civiles advierten que la falta de criterios estrictos en la financiación climática permite que proyectos como este se enmarquen en un contexto de sostenibilidad muy cuestionable, apelando a la necesidad de una verdadera transición industrial que priorice la salud pública y el medio ambiente.