La actividad minera sigue representando un riesgo significativo para Doñana, casi tres décadas después del desastre de Aznalcóllar. Las filtraciones de metales pesados en el sistema fluvial del Guadalquivir, como apunta WWF, son una fuente de contaminación crónica que impacta de manera acumulativa. Investigaciones de universidades en Sevilla y Granada advierten sobre la presencia persistente de metales como arsénico y zinc en los sedimentos del río Guadiamar, demostrando que los efectos de la minería no solo son problemas del pasado.

Esta degradación ambiental no solo afecta a la biodiversidad, sino que también tiene repercusiones económicas importantes. Sectores como la pesca y la agricultura dependen de las aguas limpias del Guadalquivir, y la contaminación acumulativa podría amenazar miles de empleos en la región. A pesar de las inversiones en limpieza tras el vertido de 1998, la falta de evaluaciones ambientales adecuadas en nuevos proyectos mineros mantiene la inquietud sobre el futuro de este ecosistema protegido.

Asimismo, WWF demanda la intervención de expertos independientes para evaluar los riesgos asociados a estos proyectos, especialmente en un contexto de cambio climático donde fenómenos extremos pueden incrementar la posibilidad de nuevos vertidos. La realidad es que los problemas actuales de contaminación son menos visibles y, por lo tanto, más difíciles de controlar, lo que subraya la necesidad de un enfoque más riguroso en la gestión ambiental para proteger Doñana y su conexión con el Guadalquivir.