La actividad minera representa un riesgo significativo para Doñana, casi tres décadas después del desastre de Aznalcóllar. Filtraciones de metales pesados, como arsénico y zinc, continúan afectando el sistema fluvial del Guadalquivir, siendo una fuente crónica de contaminación, según WWF. Investigaciones de universidades en Sevilla y Granada han alertado sobre la persistente presencia de estos metales en los sedimentos del río Guadiamar, evidenciando que los efectos de la minería son una preocupación actual y no un problema del pasado.
Recientemente, ha surgido una fuerte oposición a la reapertura de la mina de Aznalcóllar, impulsada por organizaciones como Greenpeace y SEO/BirdLife. Estas entidades rechazan el proyecto por el riesgo que supone la descarga masiva de aguas contaminadas con metales pesados en el entorno protegido de Doñana, advirtiendo que se proyecta verter más de 17.000 millones de litros de agua tóxica. Activistas piden garantías ambientales y la aplicación del principio de precaución ante tal proyecto, sugiriendo que los impactos acumulativos podrían causar daños irreparables en la biodiversidad y amenazar actividades económicas locales como la pesca y la agricultura.
La preocupación no solo radica en la salud del ecosistema, sino también en el bienestar económico de quienes dependen del Guadalquivir. Sectores como la pesca y la agricultura podrían enfrentar riesgos significativos debido a esta contaminación, algo que ya han enfatizado las organizaciones ecologistas que critican la falta de evaluaciones adecuadas en nuevos proyectos mineros. La situación requiere una gestión ambiental más rigurosa para proteger a Doñana y su interacción con el río Guadalquivir frente a nuevas amenazas de vertidos industriales.