La CEO de Smart Blue Lab, María Gálvez del Castillo Luna, destaca la interdependencia entre la naturaleza y la economía, ilustrando su argumento con el desastre de Aznalcóllar en 1998, que mostró las consecuencias de ignorar el medio ambiente. En su opinión, la naturaleza no puede ser tratada como una externalidad, sino que debe ser vista como un activo estratégico para el desarrollo económico sostenible.
Gálvez señala que la reciente recuperación ecológica de los humedales de Doñana, junto con la amenaza de reactivación de actividades mineras, presenta un dilema crucial: la necesidad de elegir entre la conservación y la explotación. Subraya que el futuro requiere un enfoque civilizatorio que integre la sostenibilidad en las economías, donde no se puede separar el bienestar de los sistemas naturales de la prosperidad humana. La autora concluye que prosperar juntos, humanos y naturaleza, no es solo un ideal, sino una necesidad estructural para la supervivencia de ambas partes.