La valorización energética se presenta como una opción sostenible para reducir la dependencia de los vertederos en España, convirtiendo residuos no reciclables en electricidad, calor o combustible a través de procesos térmicos avanzados. Este método opera con una eficiencia notable, produciendo hasta un 250 % menos de gases de efecto invernadero en comparación con los vertederos tradicionales. Actualmente, solo existen once plantas de valorización energética en el país, en contraste con Francia, que tiene 116, o Italia, con 36.

La expansión de esta tecnología es crucial en el contexto actual, donde la presión europea apunta a mejorar la gestión de residuos y avanzar hacia modelos de economía circular. A pesar de sus beneficios, que incluyen una significativa reducción de las emisiones contaminantes y un papel fundamental en la gestión de residuos peligrosos, España enfrenta obstáculos regulatorios y culturales que ralentizan su desarrollo. Expertos del sector enfatizan que este sistema complementa al reciclaje, gestionando eficientemente aquellos residuos que, de otro modo, terminarían en vertederos altamente contaminantes. Además, estas instalaciones no solo generan energía renovable, sino que también actúan como un 'sumidero' para elementos patógenos, ayudando en la seguridad sanitaria durante crisis como la pandemia de COVID-19.