En las aguas de California, los bosques de algas gigantes, conocidos como kelp, están siendo impactados por la reintroducción de nutrias marinas, un depredador natural de los erizos de mar que han devastado estos ecosistemas. Estos bosques son esenciales, pues proporcionan refugio a diversas especies marinas, actúan como reguladores del oleaje y contribuyen a la captura de carbono. Sin embargo, en los últimos años han sufrido un drástico descenso en su densidad, impulsado por fenómenos como el calentamiento del agua y enfermedades que afectan a sus depredadores naturales.
Investigaciones han demostrado que, aunque las nutrias pueden ayudar a revertir el daño infligido por los erizos, su efectividad no es automática y depende de diversos factores como la salud del ecosistema y la disponibilidad de alimento. En áreas donde persisten zonas desprotegidas, las nutrias tienden a concentrarse en erizos más sanos, dejando de lado a aquellos en ecosistemas ya degradados, lo que complica su restauración. Por lo tanto, la recuperación de estos hábitats requiere de una combinación de estrategias, que incluyen la disminución manual de erizos, la creación de áreas protegidas y un minucioso monitoreo ambiental para asegurar el éxito de futuras reintroducciones.