La contaminación lumínica ha aumentado un 16% a nivel mundial en menos de una década, según un estudio publicado en Nature. Este análisis, respaldado por más de un millón de imágenes satelitales, indica que algunas regiones han experimentado un incremento del 34%, mientras que otras han reportado una reducción del 18% en el brillo nocturno. Esta tendencia no se limita a las grandes ciudades, sino que también se extiende a áreas rurales, provocando repercusiones en ecosistemas que anteriormente mantenían un entorno oscuro.

Alicia Pelegrina, experta en contaminación lumínica, enfatiza la necesidad de tratar la luz artificial como un serio problema ambiental. Este fenómeno afecta no solo los ritmos circadianos de los humanos, sino también el comportamiento de diversas especies nocturnas, incluyendo aves migratorias e insectos. Mientras que tecnologías como los LED han contribuido a disminuir el brillo en algunos lugares, el impacto sigue siendo considerable. Los autores del estudio advierten que la contaminación lumínica es dinámica, influenciada por factores económicos, tecnológicos y sociales, lo que requiere un enfoque integral y políticas públicas efectivas para mitigarlo.

Recientemente, otro estudio ha puesto de manifiesto el impacto de la iluminación artificial sobre las especies marinas en el Ártico. Investigaciones señalan que la luz de los buques puede alterar el comportamiento de peces y zooplancton a profundidades de hasta 200 metros. Este hallazgo refuerza la premisa de que la luz artificial no solo afecta las tierras emergidas, sino que también está afectando a uno de los ecosistemas marinos más delicados del planeta. El aumento del tráfico marítimo en la región, junto con la pérdida de hielo marino, ha intensificado la necesidad de abordar la contaminación lumínica como un problema ambiental global en expansión.