Recientemente, organizaciones ecologistas han manifestado su alarma tras la reunión mantenida en Estocolmo entre la comisaria de Medio Ambiente, Jessika Roswall, y representantes de la industria minera sueca. Este encuentro ha suscitado temores de que se realicen modificaciones en la Directiva Marco del Agua (DMA) que favorezcan a las explotaciones mineras, en detrimento de la protección del agua y los ecosistemas europeos.
La Oficina Europea de Medio Ambiente (EEB) ha criticado que no se invitara a ningún representante ambientalista ni a la sociedad civil para participar en estas discusiones. La EEB considera que cualquier cambio en la DMA debe ser transparente y basado en el interés público, advirtiendo que la normativa actual es vital para proteger el agua potable y los ecosistemas fluviales. Esta situación se agrava por el excesivo interés de la industria minera en debilitar la protección del agua para aumentar sus beneficios.
Los expertos de EEB subrayan que reabrir la DMA podría resultar en graves repercusiones para la salud pública y el medio ambiente, citando los efectos devastadores de la minería, como la contaminación del agua por metales pesados. La crítica se centra en la necesidad de priorizar una sólida protección del medio ambiente y la salud de las generaciones futuras, frente a las presiones de una industria que busca beneficios económicos a corto plazo.