Greenpeace ha emitido una alerta sobre los vertidos de aguas contaminadas en Aznalcóllar, Sevilla, que contienen metales pesados y amenazan la salud del río Guadalquivir. Este problema se intensifica tras la autorización del gobierno andaluz para reactivar la minería en la región, a cargo de la empresa Minera Los Frailes, del Grupo México. Se estima que más de 85.000 millones de litros de aguas tóxicas serán liberados en el estuario en un periodo de 18 años, lo que podría resultar en una multiplicación por diez de la contaminación en este ecosistema vital.

Recientes investigaciones han confirmado la presencia de metales pesados en peces y crustáceos de la región, superando los límites establecidos por la Unión Europea. Las imágenes documentadas por Greenpeace muestran la grave degradación en el arroyo de los Arquillos, reflejando un drenaje ácido con colores anómalos y signos de contaminación que continúan fluyendo hacia los ríos Agrio y Guadiamar, afectando finalmente al Guadalquivir. Esta situación se ha agravado a raíz de recientes borrascas en la geografía andaluza.

Además, Greenpeace subraya el impacto de otro proyecto minero: Cobre Las Cruces, que prevé generar otros 32.760 millones de litros de vertidos tóxicos en un periodo de 14 años. La organización ha interpuesto un recurso de alzada junto a Ecologistas en Acción, Amigas de la Tierra y SEO/BirdLife para anular la autorización de explotación, pidiendo la paralización inmediata de estos proyectos debido a su potencial devastador. Según su portavoz, Luis Berraquero, estos vertidos podrían convertir al Guadalquivir en una 'alcantarilla minera', afectando la biodiversidad y la salud de las comunidades ribereñas.