Con la llegada de abril, el abejaruco europeo regresa a los cielos de España tras pasar el invierno en África. Esta especie, considerada como depredador de la avispa asiática, ha ido expandiendo su área de reproducción en el norte, lo que se relaciona con el cambio climático. Aunque su población en Europa es de preocupación menor, en España se observa un descenso significativo desde hace años.
El abejaruco, que se alimenta de insectos como avispas y abejas, es crítico para el ecosistema, y su capacidad para cazar avispas asiáticas lo convierte en un aliado en la lucha contra esta especie invasora. Sin embargo, esta ave enfrenta desafíos, como la pérdida de hábitat por la intervención humana en sus áreas de cría, que son cortados y taludes de suelos blandos.
La protección del abejaruco se encuentra reforzada por la Ley 42/2007, que prohíbe la destrucción de sus nidos y crías. Las sanciones por infracciones pueden llegar hasta los 200.000 euros, lo que subraya la necesidad de conservar este ave y su hábitat en un momento crítico para la biodiversidad del país.