La planta nuclear de Almaraz, la más antigua de España, está en el centro de un intenso debate sobre su viabilidad. Greenpeace, a través de su informe titulado "Cierre nuclear y transición energética: el caso de Almaraz", advierte que extender la vida útil de esta central podría implicar un coste superior a los 3.800 millones de euros, además de generar hasta 12,3 millones de toneladas de CO2 equivalente entre 2026 y 2033. Este coste no solo es financiero, sino que también presenta un obstáculo significativo en la transición hacia fuentes de energía más limpias y sostenibles, críticas para hacer frente a la crisis climática actual.
La ONG ha delineado una hoja de ruta que propone a España abandonar los combustibles fósiles antes de 2040, en línea con el objetivo de alcanzar emisiones netas cero en ese mismo año. Esta estrategia contempla una reducción del 39% en la demanda energética respecto a 2025, enfocándose en la electrificación y en una mayor inversión en energías renovables. La directora de Greenpeace España, Eva Saldaña, subraya que deshacerse del carbón para 2030 y de todos los combustibles fósiles para 2040 podría resultar en ahorros anuales significativos, estimados en 25.000 millones de euros.
Este cambio radical en el sistema energético no solo promete beneficios económicos, sino que también busca mejorar la salud pública al reducir la contaminación y aumentar la seguridad energética, disminuyendo la dependencia de combustibles fósiles y nucleares. Greenpeace destaca que la transición debe ser no solo técnica, sino también política y social, centrándose en garantizar el acceso universal a la energía y promoviendo un desarrollo local que respete el territorio y la biodiversidad, priorizando así la sostenibilidad sobre el modelo energético tradicional.