Un reciente estudio ha documentado cómo los castores han comenzado a migrar hacia el Ártico canadiense, un fenómeno que jamás se había observado. Investigadores de Anglia Ruskin University han encontrado evidencia de su expansión a través de cicatrices en arbustos y análisis mediante imágenes satelitales. Desde 2008, en la región Inuvialuit, se registraron numerosos puntos con actividad de castores, y en Alaska se han mapeado hasta 13.000 estanques de estos animales en la tundra.
Las causas de esta migración se relacionan principalmente con el calentamiento del Ártico, que ha incrementado la vegetación que sirve de alimento y material para los castores. Sin embargo, otros factores, como la repoblación tras períodos de caza intensa, también juegan un papel significativo en esta dinámica. La actividad de los castores transforma drásticamente el paisaje al crear estanques y humedales, lo que puede afectar la estabilidad del permafrost y eventualmente alterar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Además, este fenómeno no solo tiene implicaciones ecológicas; también podría impactar a las comunidades indígenas que dependen de estos ecosistemas acuáticos. Con la creación de nuevos estanques, se plantean riesgos para la calidad y el acceso al agua, afectando la vida cotidiana de estas comunidades. La Arctic Beaver Observation Network se ha formado con el propósito de monitorear estos cambios y comprender mejor su impacto en el entorno.