Kearny, un pequeño pueblo minero en Arizona, enfrenta una crisis hídrica severa, que podría llevarlo a convertirse en el primer asentamiento en desaparecer en EE. UU. por la sequía impulsada por el cambio climático. Según su alcalde, Curtis Stacey, la comunidad, que depende en gran medida del río Gila, ha perdido significativamente su suministro de agua, disminuyendo de 740.000 a solo 95.000 metros cúbicos anuales.
La situación se agrava con la declaración del estado de emergencia, que obliga a los residentes a reducir al mínimo el uso del agua, limitando actividades cotidianas como el riego, el lavado de vehículos y el uso de agua para la higiene. La sequía no afecta solo a Kearny, sino que es un problema regional que amenaza a otros siete estados que dependen del río Colorado. Las autoridades de Arizona y otros estados han propuesto un plan para ahorrar cuatro billones de litros de agua, aunque la incertidumbre persiste sobre el futuro hídrico de la región.
Los embalses, como el lago Powell y el lago Mead, registran niveles alarmantes, lo que provoca que la redistribución de agua entre ellos no sea una solución efectiva a largo plazo. Activistas ambientales piden al gobierno que aborde la crisis del agua generada por el cambio climático con seriedad, mientras los pobladores de Kearny esperan que la próxima temporada de lluvias traiga alivio.