De acuerdo con un análisis reciente del grupo internacional World Weather Attribution (WWA), el Mundial de Fútbol de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, estará expuesto a un alto riesgo de estrés térmico. Se estima que hasta un 25% de los encuentros se jugarán en condiciones donde el Índice de Temperatura de Globo y Bulbo Húmedo (WBGT) supere los 26 °C. Los investigadores advierten que hay posibilidad de que hasta cinco partidos lleguen a temperaturas peligrosas por encima de 28 °C, lo que podría equivaler a sentir hasta 38 °C en climas secos o 30 °C en ambientes húmedos.

La combinación de altas temperaturas, elevada humedad y escasez de viento representa un riesgo significativo para la salud tanto de los jugadores como de los espectadores, generando un alto potencial de agotamiento extremo y golpes de calor. Más de un tercio de los encuentros se llevarán a cabo en sedes que no cuentan con aire acondicionado, lo que aumenta la vulnerabilidad de todos los involucrados. Especialistas como Pedro Manonelles enfatizan la necesidad de establecer un protocolo de aclimatación para los futbolistas y proponen prácticas de hidratación adecuadas.

El sindicato FIFPro también ha sugerido evaluar la posibilidad de posponer partidos ante condiciones climáticas extremas. Ciudades como Miami, Filadelfia, Kansas City y Nueva York/Nueva Jersey destacan como áreas de alta vulnerabilidad climática. La situación refleja no solo las dificultades que enfrentan los deportes debido al cambio climático, sino también un cambio profundo en cómo deben organizarse estos grandes eventos para proteger la salud de jugadores y aficionados en el futuro.