Según expertos de la NOAA, se espera un ‘Superniño’ en 2026 que impactará significativamente los patrones climáticos a nivel global. Este fenómeno, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, podría desencadenar fuertes lluvias e inundaciones en las costas de EE.UU., así como sequías exacerbadas en otras áreas del país. Las primeras evidencias de este fenómeno podrían manifestarse durante el verano del hemisferio norte, con su máxima intensidad proyectada para el invierno.
La NOAA estimó en un 62 % la probabilidad del desarrollo de ‘El Niño’ entre junio y agosto, con un 25 % de posibilidades de que se convierta en un ‘Superniño’. Este último se define por temperaturas oceánicas que superan en más de dos grados centígrados el promedio histórico. Las consecuencias de este fenómeno son ambiguas, puesto que un ‘Superniño’ no garantiza necesariamente efectos más severos, aunque su influencia sobre la actividad de huracanes en el Atlántico podría resultar beneficiosa, al actuar como un inhibidor de la formación de ciclones.
Históricamente, el último 'Superniño' se registró en 2015, pero no provocó inundaciones masivas en California como se preveía, lo que indica la complejidad del fenómeno y su interacción con otros factores meteorológicos. La ciencia aún estudia cómo el cambio climático podría estar afectando estos eventos y la precisión de sus predicciones.