En el lago Offensee, situado en Austria, un grupo de científicos está recolectando el semen de más de 600 zánganos con el objetivo de enviarlo a Australia. Allí, las autoridades buscan implementar estrategias genéticas que fortalezcan a las colonias de abejas frente al ácaro varroa (Varroa destructor), un parásito que ha revelado ser devastador para la apicultura en el país desde su detección en Nueva Gales del Sur en 2022. Este proceso permite el desarrollo de abejas más resistentes, capaces de defenderse mejor y de mantener la producción apícola.

La estación de cría de Offensee es ideal debido a su aislamiento, lo que minimiza la mezcla genética no deseada. Para ello, se utilizan 30 colonias cada una con miles de zánganos, donde las reinas jóvenes no apareadas son fecundadas cuidadosamente. Los investigadores buscan criar abejas con rasgos de higiene especial, que puedan detectar y eliminar crías infectadas por varroa. Esto representa un cambio en la apicultura moderna, que promueve menos dependencia de pesticidas y un enfoque en la selección genética.

Con una industria que genera más de 14,000 millones de dólares anuales y el 35% de sus cultivos depende de la polinización, Australia no puede permitirse perder la batalla contra la varroa. Aunque importar el semen puede parecer seguro, uno de los principales retos es asegurar que esté libre de virus, ya que el virus de las alas deformadas aún no se ha detectado en Australia. Este esfuerzo es parte de una estrategia integral que busca asegurar el bienestar de las colmenas y, por ende, de la producción agrícola.