El fenómeno de El Niño ha resurgido como una temática de alta prioridad en la agenda climática global, ya que podría impactar notablemente a diversas zonas del Pacífico, América y Asia en 2026. Según la Organización Meteorológica Mundial, hay un 90 % de posibilidades de que El Niño se produzca con gran intensidad, afectando el clima y causando desastres como sequías e inundaciones. En Asia y el Pacífico, países como Tailandia y Australia ya han declarado la activación de esta fase peligrosa, lo que podría implicar una reducción en las precipitaciones y alteraciones en la producción agrícola.
Las consecuencias para otros sectores también son evidentes, como la pesca, donde en Indonesia se ha señalado que el aumento de las temperaturas impulsa a muchas especies a alejarse de la costa. En América Latina, varios países han comenzado a reaccionar; por ejemplo, Panamá ha emitido alertas sobre el impacto potencial de El Niño en los recursos hídricos y la agricultura. También hay preocupaciones acerca de posibles crisis alimentarias, con agencias como la FAO demandando fondos para mitigar el riesgo de desastres en varios países.
A nivel ambiental, se prevé un aumento del blanqueamiento de los corales, lo que podría tener efectos devastadores en los ecosistemas marinos de la región. Pese a que en Europa, y particularmente en España, se considera que El Niño puede no tener un impacto significativo, el resto del mundo enfrenta una situación crítica que requiere atención inmediata.