El fenómeno de El Niño ya está presente y se prevé que continúe fortaleciéndose a lo largo de 2026. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), hay un 97 % de posibilidad de que dure hasta la primavera boreal de 2027. Este fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, afectando patrones climáticos globales y conduciendo a un incremento de episodios extremos.

La situación climática mundial es preocupante, ya que en lo que va del año se han registrado más de 150 millones de hectáreas de tierra quemadas, especialmente en África y Asia. Estos incendios, combinados con un hielo marino en mínimos históricos en el Ártico, están generando serias preocupaciones ambientales. Además, la Organización Meteorológica Mundial anticipa que las temperaturas medias entre 2026 y 2030 estarán entre 1,3 y 1,9 °C por encima de los niveles preindustriales.

Ante este escenario, se destaca la necesidad de que los gobiernos se preparen adecuadamente para gestionar las emergencias en salud pública, agua y energía, utilizando alertas tempranas para mitigar las consecuencias de El Niño y el cambio climático. Esto es crucial, dado que los impactos de El Niño tienden a ser más evidentes en los picos de su desarrollo, situados entre noviembre y febrero.