El reciente estudio del programa Copernicus destaca cómo las olas de calor están cambiando drásticamente nuestra experiencia del calor, afectando no solo las temperaturas diurnas sino también las noches, lo que convierte el sueño en una batalla diaria. Desde los años setenta, se ha observado un aumento del estrés térmico nocturno, lo que interfiere en nuestra capacidad de descanso y, por lo tanto, en la salud mental. En Europa, las noches tropicales han aumentado un 73%, agravando la situación de grupos vulnerables como las personas mayores o aquellos que trabajan al aire libre.
El estudio también subraya que el calor extremo no afecta a todos por igual, amplificando las desigualdades sociales existentes. Las personas sin acceso a unas condiciones de vida adecuadas, como vivienda con aire acondicionado o espacios verdes, sufren más las consecuencias del calor extremo. La adaptación a estas condiciones climaticas debe considerarse de manera colectiva, abogando por medidas adecuadas que incluyan refugios climáticos y servicios de salud adaptados. La crisis climática no es solo un asunto científico, sino una cuestión política que impacta en nuestro día a día y afecta nuestras vidas de diversas maneras.