La extracción de arena en Entre Ríos, Argentina, destinada a la fractura hidráulica (fracking) en el yacimiento de Vaca Muerta, está causando una grave destrucción de humedales esenciales. A pesar de la creciente producción de petróleo que alcanzó un récord de 628.000 barriles diarios, este proceso logístico involucra la extracción de 12.000 toneladas diarias de arena de alta pureza, esencial para el fracking y que actualmente está arrasando ecosistemas críticos de la región. Activistas y profesionales advierten que esta actividad extractiva no solo deteriora la biodiversidad del área, sino que también amenaza el suministro de agua potable para las comunidades locales, dado que las areneras consumen un millón de litros de agua por hora, en contraste con el millón de litros que toda la región necesita diariamente.
Los impactos de la minería de arena son alarmantes: miles de camiones recorren diariamente las carreteras, contribuyendo con emisiones de CO2 y desgastando la infraestructura vial, mientras que se registra un aumento de la contaminación del agua potable. Además, hay denuncias sobre estudios de impacto ambiental manipulados, lo que contrasta con las recomendaciones de la ONU sobre los peligros de la extracción de arena. Con la preferencia de YPF por usar arena local para abaratar costos, el futuro de los humedales del Delta del Paraná y su biodiversidad parece desalentador, llevando a muchos a cuestionar la viabilidad de este modelo extractivo.