Larissa Nenning, investigadora de la Universidad de Hamburgo, ha documentado 28 relatos de trabajadores agrícolas en Almería, mayormente inmigrantes, que enfrentan condiciones severas de calor extremo, con temperaturas que superan los 40 ºC. La falta de medidas de protección básicas, como el acceso a agua fresca, agrava su situación, ya que muchos deben llevar su propia agua desde la mañana. A pesar de la existencia de normativas avanzadas en España, estas son a menudo ignoradas en el sector agrícola, lo que, según Nenning, refleja un racismo estructural y una creciente explotación de estos trabajadores bajo la crisis climática.

La investigadora destaca que, aunque las leyes tienen como objetivo proteger a los trabajadores, muchas empresas adaptan sus horarios sin incluir la voz de los empleados, priorizando la producción por encima de su bienestar. Además, subraya que la deshumanización y la desprotección de los trabajadores inmigrantes son reflejos de un sistema que desestima sus derechos, incrementando la presión sobre ellos debido al miedo a organizarse y reclamar mejores condiciones laborales. Ante este contexto, los sindicatos están intentando visibilizar la problemática a través de diferentes iniciativas, aunque los conflictos en los lugares de trabajo continúan siendo un desafío constante.