El reciente borrador de la orden de incendios forestales en Castilla-La Mancha impone un marco más estricto para la prevención de incendios, adaptándose a un contexto de creciente riesgo climático. Este nuevo protocolo introduce restricciones severas, como la prohibición de encender fuego en terrenos forestales durante épocas de peligro extremo y limita el uso de maquinaria que pueda causar chispas.
Además, el borrador establece un calendario de riesgo que señala desde el 1 de julio hasta el 31 de agosto como el periodo de mayor peligro, ampliando la vigilancia a los meses de junio y septiembre. Los meses de mayo y octubre, así como Semana Santa, también son considerados de riesgo medio. Para mantener un equilibrio entre la seguridad y las actividades económicas, se permiten ciertas excepciones, como la cosecha agrícola bajo un control administrativo.
Este enfoque preventivo busca anticiparse a los incendios, limitando el uso del fuego y la circulación de vehículos en áreas de riesgo. La normativa refleja una tendencia creciente hacia medidas más rigorosas en la lucha contra incendios, en un contexto donde la variabilidad climática se convierte en un desafío constante.