Un reciente estudio ha destacado que, en 2025, los incendios forestales afectaron dramáticamente a las zonas más ricas del mundo, incluidos Estados Unidos, Canadá, Europa y Corea del Sur. Pese a que la superficie total quemada alcanzó los 335 millones de hectáreas, lo que representa una de las cifras más bajas desde 2002, los efectos sobre las comunidades fueron severos. Incendios destructivos en California y las altas emisiones de dióxido de carbono desde los bosques boreales destacan la gravedad de la situación.

El informe subraya que las condiciones climáticas adversas, acentuadas por el cambio climático, han incrementado la probabilidad de incendios de gran magnitud. En el caso de Europa, la sequía y el calor extremo contribuyeron a incendios devastadores, especialmente en la cuenca mediterránea. Este fenómeno se propaga por áreas urbanas, exponiendo a más personas al riesgo, como han evidenciado los recientes eventos en el sur de California y Corea del Sur.

Los científicos advierten que, aunque la superficie quemada ha disminuido, el peligro persistente causado por el calentamiento global y los cambios en el uso del suelo requiere una atención urgente. La adaptación de las comunidades a este nuevo escenario se vuelve crucial para mitigar los impactos de los incendios en el futuro.