En la ciudad de Gulu, al norte de Uganda, Takataka Plastics está llevando a cabo un innovador proyecto que transforma 142 toneladas de plástico en baldosas de pared, al tiempo que reduce las emisiones de CO2 y genera empleo local. Impulsado por la ingeniera Paige Balcom y su socio Peter Okwoko, el proyecto se basa en la conversión de botellas de PET, un tipo de plástico común en el consumo diario, en productos útiles para el sector de la construcción, donde la demanda es constante.

El impacto ambiental de las baldosas es considerable: se estima que por cada metro cuadrado producido se evitan aproximadamente 28 kg de CO2. Esta iniciativa ha creado 60 empleos formales y alrededor de 250 informales, beneficiando a personas de contextos desfavorecidos. Además, los fundadores buscan expandir su operación sin perder el foco en la sostenibilidad. La empresa ha recibido una subvención que permitirá construir un centro completo de fabricación y formación, con la visión de replicar este modelo en otras comunidades afectadas por problemas similares de residuos y desempleo.

El modelo de Takataka Plastics es un ejemplo de economía circular que se puede aplicar en otras partes del mundo, haciendo énfasis en la importancia de transformar los residuos en productos de valor real que beneficien a las comunidades donde se generan. Así, esta experiencia de Uganda ofrece lecciones valiosas para la sostenibilidad y la gestión de residuos a nivel global.