En las montañas de Țarcu, en el suroeste de Rumanía, se está produciendo un regreso notable de los bisontes europeos después de más de 200 años de extinción en la región. Esta reintroducción, promovida por organizaciones como Rewilding Europe y WWF Rumanía desde 2014, está reconfigurando el ecosistema local al aumentar la diversidad y biomasa vegetal. Un estudio de la Yale School of the Environment estima que estos bisontes podrían facilitar el almacenamiento de unas 54.000 toneladas de carbono al año en el suelo, lo que resalta su papel crucial en la mitigación del cambio climático.
El impacto de los bisontes no solo se limita a la mejora de la vegetación. Su movimiento genera un 'desorden' que favorece el crecimiento de otras especies, beneficiando también a diversos insectos y aves. Sin embargo, esta reintroducción plantea desafíos a nivel local, como el temor a posibles daños en cultivos. Por ello, se han implementado iniciativas para promover la convivencia con estas majestuosas criaturas y reducir conflictos, apoyadas por financiación de la Unión Europea. Con este proyecto, Rumanía se convierte en un modelo de rewilding en Europa, resaltando la importancia de manejar la fauna como parte de la solución ante el cambio climático.