Un equipo internacional de investigación ha revelado que los robles utilizan una estrategia efectiva para defenderse de depredadores como orugas y polillas. Cuando sufren una infestación, brotan más tarde en la primavera, evitando que estos insectos se alimenten de sus hojas tiernas. Este mecanismo reduce significativamente los daños en los árboles, logrando disminuir la tasa de supervivencia de los insectos en un 55%.
Además, este descubrimiento sugiere que los árboles no solo responden al clima, sino que también ajustan su comportamiento en relación con las amenazas biológicas. Los hallazgos, derivados de datos recolectados mediante el satélite Sentinel-1, son relevantes para la conservación de la naturaleza, ya que podrían cambiar la forma en que se modelan y comprenden los ecosistemas.