El ozono que se forma durante los incendios forestales ha cobrado relevancia como un riesgo significativo para la salud pública. Un nuevo estudio demuestra que este contaminante, generado por el humo, podría estar provocando más de 2.000 muertes prematuras al año en Estados Unidos. La investigación, que combina datos satelitales y modelos de aprendizaje automático, indica que durante episodios de incendios, el ozono puede aumentar hasta un 16 %, superando los niveles normales. Esto plantea un cambio importante en la forma en que se evalúa el impacto del humo sobre la salud, ya que el ozono está vinculado a serias complicaciones respiratorias y cardiovasculares, afectando especialmente a los grupos más vulnerables.
El estudio también revela que las áreas más afectadas por el ozono no siempre se corresponden con los lugares de los incendios, lo que indica que la contaminación puede trasladarse a regiones distantes. Además, el aumento de la frecuencia e intensidad de los incendios debido al cambio climático está contribuyendo a que este fenómeno se convierta en un problema de salud pública que exige atención urgente. Los investigadores advierten que centrarse únicamente en las partículas finas, como las PM2.5, podría llevar a subestimar el riesgo que representa el ozono, sugiriendo la necesidad de desarrollar índices que integren diversos contaminantes para una mejor evaluación de la calidad del aire.