La reciente actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN ha revelado que tanto el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) como el lobo fino antártico (Arctocephalus gazella) han sido clasificados como 'en peligro' de extinción debido a los graves efectos del cambio climático. La población de pingüinos emperadores ha disminuido en un 10% entre 2009 y 2018, con proyecciones que advierten que podría reducirse a la mitad para 2080 si no se implementan medidas urgentes para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Este deshielo prematuro y la pérdida de hielo marino son críticos para la reproducción de estas aves, que dependen de hielo fijo para la crianza de sus crías.
El caso del lobo fino antártico es igualmente alarmante. Su población ha sufrido un descenso superior al 50% desde 1999, afectada por el desplazamiento del krill hacia aguas más profundas debido al aumento de la temperatura del océano, lo que impacta directamente su disponibilidad como alimento. De igual forma, el elefante marino del sur (Mirounga leonina) ha sido clasificado como 'vulnerable', en gran parte por la propagación de la influenza aviar que ha mermado su población juvenil. Grethel Aguilar, directora general de la UICN, ha subrayado la urgencia de responder a esta crisis, enfatizando que la Antártida es esencial para la regulación climática del planeta y el refugio de especies únicas.