La reciente aprobación del Tratado Global de los Océanos, junto con la creación de nuevas áreas marinas protegidas, busca fortalecer la defensa de la alta mar, un ecosistema históricamente desprotegido. Sin embargo, expertos alertan que estas iniciativas enfrentan desafíos significativos debido al cambio climático y la creciente minería submarina. Ricardo Aguilar, director de expediciones de Oceana, destaca que el cambio climático es la principal amenaza para la biodiversidad marina, provocando la desaparición de especies y el desplazamiento de poblaciones hacia nuevas latitudes.
Asimismo, el incremento en las asistencias a tortugas marinas y cetáceos en la Fundación CRAM pone de relieve la fragilidad de los ecosistemas, especialmente de los arrecifes de coral y los fondos marinos que tardan siglos en recuperarse. La minería submarina, que se proyecta en zonas de alta biodiversidad, amenaza aún más a estas comunidades, por lo que Aguilar aboga por una moratoria internacional hasta comprender mejor su impacto. Theresa Zabell, presidenta de la Fundación Ecomar, también advierte sobre el escaso conocimiento científico disponible sobre los fondos marinos, enfatizando que se conoce menos del 5% de su contenido.
Mientras tanto, los expertos valoran positivamente el reciente aumento de 17.000 kilómetros cuadrados en la superficie protegida en España, pero subrayan la importancia de que estas áreas cuenten con planes de gestión efectivos. La conservación y restauración de hábitats deteriorados, como las praderas de posidonia, son esenciales para asegurar la salud de los océanos, así como la reducción de presiones ambientales que ponen en riesgo su biodiversidad.