Alemania atraviesa una intensa movilización climática impulsada por el movimiento ecologista Ende Gelände, que ha organizado protestas coordinadas en la cuenca del Ruhr. Estas movilizaciones han reunido a aproximadamente 1.500 activistas que se oponen a las infraestructuras relacionadas con el gas fósil y el transporte de hidrocarburos, planteando un serio cuestionamiento sobre la velocidad de la transición energética del país. Las acciones incluyen ocupaciones y bloqueos de instalaciones relevantes, como la central de gas en Scholven y las fábricas de Europipe AG, el mayor fabricante europeo de tubos para oleoductos.

Los organizadores argumentan que la inversión en gasoductos perpetúa el uso de combustibles fósiles y socava los compromisos climáticos de descarbonización. Aseguran que el gas fósil contribuye significativamente al calentamiento global y demandan una aceleración en la transición energética hacia alternativas más limpias. Además, la activista Greta Thunberg ha participado activamente en las movilizaciones, lo que ha elevado aún más el perfil de estas protestas en medio de un debate crítico sobre la política energética alemana y sus implicaciones para la seguridad climática en Europa. Las autoridades han respondido con detenciones, pero el movimiento prevé continuar con sus acciones de desobediencia civil en los próximos días.