El pueblo maya mam se reunió en la laguna sagrada del volcán Chicabal, en Guatemala, para llevar a cabo su tradicional ceremonia en un intento de combatir la sequía que pone en riesgo sus cultivos. Cientos de personas ascendieron al volcán, ofrendando flores y velas, en un ritual que combina elementos de la espiritualidad maya y la religión católica. Alma López, una devota, expresó la importancia de este acto para pedir por la lluvia que es vital para la producción agrícola en la región.

La ceremonia se realiza en un paisaje custodiado por normas ancestrales que prohíben contaminar las aguas de la laguna. Los participantes, además de solicitar precipitaciones, ven en este acto una forma de resistencia cultural frente a las amenazas del cambio climático. Wilson García, un líder comunitario, enfatizó que esta acción espiritual no es solo un acto de fe, sino un recordatorio de su historia y supervivencia. La asistencia a este evento ha sido constante, con cifras que oscilan entre 2.000 y 3.000 participantes anuales, consolidando a Chicabal como un lugar de importancia tanto espiritual como turística en el Altiplano guatemalteco.