Un estudio publicado en la revista Science ha revelado que los incendios forestales están elevando los niveles de ozono troposférico en Estados Unidos, lo que representa un grave desafío para la calidad del aire y la salud pública. La contaminación por ozono había disminuido un 11% entre 2003 y 2015 gracias a la Ley de Aire Limpio, pero esta tendencia se ha revertido en la última década, exponiendo a 43 millones de personas a niveles peligrosos de este contaminante.

Los incendios forestales liberan gases tóxicos que contribuyen a la formación de ozono, el cual, aunque protege contra la radiación ultravioleta en la estratosfera, a nivel del suelo puede causar problemas respiratorios y aumentar las muertes prematuras en más de 300 casos anuales desde 2013. La creciente intensidad de las temporadas de incendios, impulsada por el cambio climático, agrava esta situación, generando preocupaciones serias sobre la calidad del aire en regiones específicas.

Paralelamente, se han emitido advertencias acerca del riesgo de incendios forestales vinculados al eclipse solar programado para el 12 de agosto. Con la llegada de miles de turistas a áreas naturales para observar el evento, se incrementa el riesgo de incendios debido a condiciones como altas temperaturas y vegetación seca. Especialistas han subrayado que la combinación de calor extremo y una mayor afluencia de personas puede resultar en negligencias peligrosas, como el estacionamiento en áreas inadecuadas y la falta de conocimiento sobre rutas de evacuación, lo que podría complicar aún más la gestión de emergencias en caso de que surjan fuegos forestales durante este fenómeno astronómico.