La reciente prohibición de los onduladores chinos en proyectos de energía limpia financiados por la Unión Europea representa un cambio clave en la política energética europea. Bruselas ha decidido excluírlos debido al creciente riesgo de ciberataques y la preocupación por la dependencia tecnológica. Estos dispositivos, vitales para la operación de energías renovables y la estabilidad de las redes eléctricas, son considerados un punto crítico en la infraestructura energética actual.
La decisión busca no solo proteger la red eléctrica continental, sino también reducir la dependencia de un mercado dominado por proveedores chinos, que controlan aproximadamente el 80% del suministro global de estos equipos. A pesar de que se estima que el coste de los equipos aumentará menos del 2%, se prevé un impacto industrial significativo, con oportunidades para empresas de otros países y potencial de innovación en el sector energético europeo.
La prohibición se aplicará de forma gradual y no afectará a los equipos ya instalados. La medida busca garantizar una transición energética que no dependa de potencias extranjeras, mejorando así la resiliencia del sistema energético en un contexto geopolítico complejo.