En el municipio colombiano de La Calera, la comunidad ha desafiado a Coca-Cola, a través de su filial Indega, por el acceso al agua en un contexto de severas sequías. Durante el año 2024, cuando los habitantes lidiaban con limitaciones en el suministro de agua, se descubrió que la embotelladora continuaba extrayendo la misma cantidad de agua del manantial a pesar de las condiciones adversas. Esto llevó a organizaciones locales a unirse y presentar un caso legal en defensa de sus derechos.

A través de una combinación de protestas y voz colectiva, los vecinos de La Calera lograron que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca escuchara sus demandas, resultando en el establecimiento de una nueva concesión de agua que restringe la cantidad que puede ser extraída. La comunidad celebra este logro, aunque expresa sus preocupaciones por el impacto de fenómenos climáticos como El Niño, que podrían agravar la escasez de agua. A pesar de la reducción del caudal permitido, las organizaciones locales consideran que las medidas aún son insuficientes ante la amenaza del extractivismo en áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Chingaza.