Marruecos ha logrado incrementar sus embalses hasta alcanzar el 76% de su capacidad después de experimentar siete años de sequía. Aunque la crisis hídrica no ha desaparecido, este aumento en las reservas, que ahora alcanzan 12.930 millones de metros cúbicos, brinda un respiro para el suministro de agua urbana durante el verano. A pesar de contar con buenos niveles de agua, el país ha aprendido que no se puede depender únicamente de lluvias eventuales, por lo que ha impulsado desaladoras, trasvases y la reutilización de aguas residuales como parte de su estrategia hídrica estructural.

La administración del agua se vuelve crucial en este contexto. Marruecos ha implementado medidas para minimizar la dependencia de la lluvia, con un objetivo de que el 60% del agua potable provenga de fuentes desaladas para 2030. Sin embargo, el calor extremo y la evaporación siguen siendo desafíos significativos que requieren una gestión proactiva y reformas en la infraestructura hídrica. La experiencia de Marruecos se presenta como un aprendizaje valioso para España, que también llega a la época estival con reservas elevadas, pero necesita prepararse para futuros ciclos de sequía.