Un reciente estudio realizado por la Alianza Europea para la Agricultura Regenerativa (EARA) destaca que la implementación de prácticas de agricultura regenerativa en Valencia podría reducir a la mitad la escorrentía, el agua de lluvia que fluye por superficies impermeables en episodios de lluvia intensa. Este fenómeno es especialmente problemático en la región, donde las inundaciones de 2024 causaron graves pérdidas humanas y materiales. Según el informe, mientras que el 86 % de la precipitación se convierte en escorrentía bajo la gestión agrícola convencional, este porcentaje podría disminuir al 58 % en uno o dos años y al 46 % al cuarto año con prácticas regenerativas.

La agricultura regenerativa, que busca restaurar suelos degradados y mejorar su capacidad de absorción de agua, también ayudaría a reducir significativamente la erosión y los deslizamientos de tierra, convirtiendo las tierras agrícolas en una infraestructura crítica para la gestión del riesgo climático. Con una inversión relativamente baja, equivalente al 5 % de las pérdidas por inundaciones, esta transición puede evitar pérdidas agrícolas del 80 %. A pesar de estos beneficios, la respuesta institucional ha sido insuficiente, ya que se prevé una inversión significativa en infraestructuras tradicionales en lugar de en soluciones verdes que permitan utilizar el suelo como una esponja natural para el agua.