La erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai ha revelado un mecanismo sorprendente para combatir el calentamiento global. Investigadores han observado que el penacho de ceniza y vapor liberado durante la erupción contribuyó a la destrucción de metano en la atmósfera, al generar formaldehído, un producto de la oxidación del metano. Este fenómeno fue medido por el satélite Sentinel-5P de la Agencia Espacial Europea, que detectó aproximadamente 900 toneladas de metano eliminadas diariamente tras la erupción.

Los científicos sugieren que la combinación de ceniza volcánica y agua marina permitió la formación de átomos de cloro muy reactivos, que aceleraron la descomposición del metano. Aunque este descubrimiento es significativo, los investigadores advierten que no se deben exagerar las implicaciones, ya que las erupciones volcánicas también liberan contaminantes dañinos. Además, cualquier intento de replicar el proceso debe ser exhaustivamente investigado para garantizar su seguridad y efectividad.

Este hallazgo podría tener profundas implicaciones para futuros estudios sobre la química atmosférica y las estrategias para mitigar el gas metano, que es significativamente más potente que el CO2 en términos de calentamiento global a corto plazo. Los satélites, como TROPOMI, pueden jugar un papel crucial en la monitorización de estos procesos futuros, enfocándose en cómo se puede medir la reducción de metano de manera efectiva.