Un año después del récord de incendios de 2025, que afectó gravemente a España, el país se encuentra lidiando con cifras aún peores en la primera mitad de 2026. En los primeros cinco meses de este año, se registraron 987 incendios que devastaron 16,330 hectáreas, superando los 662 incendios y 7,227 hectáreas del mismo periodo en 2025. Este alarmante aumento se produce a medida que comienza la campaña de incendios estatal, enfatizando que la problemática ha evolucionado a una crisis estructural impulsada por el cambio climático.
Fernando Valladares, ecólogo del CSIC, y Mónica Parrilla, ingeniera forestal de Greenpeace, coinciden en que la politización del debate y la falta de inversión en medidas preventivas han obstaculizado una respuesta eficaz ante esta crisis. Valladares destaca que, aunque España es un referente en la extinción de incendios, actualmente su estrategia está al límite, lo que demanda un enfoque más holístico. Parrilla, por su parte, subraya que es fundamental priorizar la prevención sobre la extinción, dado que el 95% de los incendios tienen origen humano, y aboga por mayor sensibilización y mejores prácticas de gestión en el medio rural.
Ambos expertos apuntan que el aumento de las temperaturas y las condiciones meteorológicas extremas favorecen la propagación de incendios, y señalan la necesidad urgente de medidas que reduzcan estas condiciones. El nuevo índice de peligro de incendios forestales IPIF, presentado por la Agencia Estatal de Meteorología, busca mejorar la identificación de situaciones de riesgo a través de variables como el estado de la vegetación y la humedad del suelo, algo que se vuelve crítico en un contexto donde la aparición de fuegos está cada vez más vinculada a acciones humanas y negligencias.