El cambio climático tiene un impacto significativo en el turismo de sol y playa en España, que es un destino clave debido a su ubicación y dependencia de este sector. La Organización Meteorológica Mundial ha documentado un aumento en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, como calor extremo, lluvias torrenciales e inundaciones, lo que podría transformar las playas del Mediterráneo en destinos de invierno debido a las altas temperaturas veraniegas.
Desde 1980, el Mediterráneo se calienta tres veces más rápido que el promedio global, afectando la vida marina y provocando la pérdida de playas. Por ejemplo, el aumento del nivel del mar en las costas españolas podría alcanzar los 1.500 mm para el año 2100, lo que conlleva un retroceso significativo de la línea de costa y posibles pérdidas económicas de hasta 50.000 millones de euros en España. Los lugares más vulnerables incluyen Galicia, Cantabria y el País Vasco. La elevada densidad de población y la alta actividad turística en estas regiones las hacen más susceptibles a los efectos adversos del cambio climático.
El rescate y la regeneración de playas se están convirtiendo en un desafío financiero para los municipios, que enfrentan gastos inasumibles tras los daños causados por temporales. A medida que el calentamiento global continúa, las costas españolas son cada vez más vulnerables, llevando a un futuro incierto para este valioso sector económico.